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RETOS DESDE LA CRUZ

ROMANOS --LA VIDA ABUNDANTE EN UNIÓN CON CRISTO (9)

La fe santificadora en acción la fe de Abraham al ofrecer a Isaac
Romanos: 4:18- 25

Dr. G. Ernesto Johnson

Rio Grande Bible Institute

Introducción

En gran parte Pablo ha presentado la doctrina de la justificación desde Romanos 3: 21-26. Se puede describir la justificación mejor que definirla. La grandeza y la maravilla de la gracia de Dios desafía cualquier definición. Me gusta más esta descripción: la justificación es el acto jurídico por el cual Dios, el juez justo, declarar justo al "impío que cree" en base de su fe en la muerte expiatoria de su amado Hijo. Al poner a su cuenta esta posición segura por la gracia divina, Dios, el juez justo, le perdona todos sus pecados y le restaura a una herencia de "ser heredero con Dios y coheredero con Cristo" (Rom. 8:17).

Dios mismo pagó el precio de nuestro rescate, el «kófer» y en base de su amor y gracia satisfizo de una vez para siempre la justica de la ley de Dios, siendo así nuestra propiciación. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justica de Dios en él" (2 Corintios 5:21). Este versículo nos abre la puerta a la maravilla de la reconciliación de Dios.

En Romanos 4: 1-17 Pablo explora en mayor detalle el rol de la fe en la justificación. El versículo clave es: "Por tanto, es por fe, para que sea por gracia a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia . . ." (Rom. 4:16). Pablo confirma la ley (3:31) por limitarla al rol que Dios le había dado, es decir, hacer palpable el pecado. En el plan original de Dios la ley ni salva ni santifica: "pues la ley produce la ira"(4: 15). Pero la promesa de Abraham fue dada antes de la ley y por eso se aplica a todos los que son los verdaderos creyentes por la fe, sean gentiles o judíos.

Después de establecer la fe justificadora, Pablo anticipando el rol de la fe en la santificación identifica la fe santificadora como el desarrollo o una parte integral de la misma fe justificadora. Lo hace primero por poner el ejemplo de la fe de Abraham a la edad de setenta y cinco y luego a cien años. Fue la misma fe justificadora como santificadora. "Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada . . . ." (4:23).

La anatomía de la fe santificadora de Abraham Romanos 4: 18-25

El diccionario de la Real Academia Española define la anatomía como "el análisis, examen minucioso de una cosa." Pablo describe la fe en acción primero en Abraham al salir de Ur de los caldeos al abrazar el Pacto Abrahámico prometiéndole una tierra y, sobre todo, un hijo que sería de bendición a todas las naciones. Su mente no pudo haber comprendido el cómo. "Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar del que había de recibir como herencia; salió sin saber a dónde iba" (Hebreos. 11: 8). Esto fue la primera expresión de la fe a la edad de 75 (Gen. 12).

Estando en la tierra prometida Abram, Dios le apareció la segunda vez en visión: "No temas, Abram, yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande." Abram con razón responde: "Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer. . . Luego vino la palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. . . . y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia" (Gen.15: 1, 2,4, 6). Pablo cita a pie de la letra esa última promesa en Romanos 5:3. Recibe Abraham la señal de la circuncisión a la edad de 87, señal de la fe en el Dios del pacto. Estos dos encuentros con Dios define la fe justificadora. Permanecía ese momento para siempre en la vida de Abraham como la piedra angular de su salvación en Cristo.

Pero lo que sigue en Romanos 4:18-21 es la última expresión de la fe en la vida de Abraham a la edad de 99 años. Es la misma fe, la misma dependencia de Dios pero bien al final de la vida de Abraham, el patriarca santo. Para mí esto habla claramente de que ésta es la fe santificadora. Ya que en el plan de Dios la santificación sigue forzosamente la justificación como una parte integral. Los dos aspectos de la fe, tanto en la justificación como en la santificación no es nunca una obra ni mérito o esfuerzo humano sino que es la misma fe a un nivel más profundo basada en el carácter de Dios y su obra en la Cruz.

Cuando lleguemos al estudio de Romanos 6-8 veremos que es la misma calidad de fe que echa mano de la obra de la cruz (Rom: 6: 6, 11-14) y realiza el poder del Espíritu Santo, llenándonos y capacitándonos para una vida de victoria en Cristo (Romanos7: 1-6; 8:1-4). Pabla ya nos va preparando para tal consumación al poner los dos ejemplos históricos en la vida del padre de la fe en este capítulo.

La fe santificadora la resignación de la fe. Romanos 4: 18, 19

Tracemos ahora la trayectoria de la fe en Abraham a cien años. La esencia de fe es el esperar en Dios, tomando muy en cuenta su fidelidad en llevar a cabo el plan salvador según el horario divino. Tal tardanza divina no nos cae bien, pero es la espina dorsal de fe. A la edad de 75, Dios le había prometido a un hijo al llegar a la Tierra Prometida. Unos años después, Abram sugirió la posibilidad de un heredero nacido en su casa siendo el hijo de Eliezer, pero Dios le dijo que no. Luego al obedecer Abraham el consejo necio de Sarai, nació Ismael. Pero Dios le dijo que tampoco le sería el heredero.

Debemos tomar muy en cuenta que la fe de Abraham a veces flaqueaba tal como la nuestra. Dios no exigió la fe perfecta sino que sólo aprendiera a no depender de la carne Por eso la tardanza de Dios para que aprendiese Abraham a depender en Dios. Poco después a la edad de 87, le dio la señal de la circuncisión. Tardarían 13 años más y así toda esperanza humana se iría desvaneciendo.

La resignación de Abraham debió haber sido dura. Con el pasar de cada año de la edad de 87 a 99, iba muriéndose la posibilidad de un hijo según la carne. Pero Dios iba a hacer un milagro cuando toda otra esperanza ya había muerto. "(Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen" (4:17). Dios quería esperar hasta ser glorificado él solo.

Con razón: "Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia (4:18). En este tiempo iba perdiendo la confianza de la carne y actuando conforme a la fe. Pablo especifica: "Y no debilitó en la fe al considerar su cuerpo que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años) o la esterilidad de la matriz de Sara" (4:19).

La fe no cohabita con la duda ni con las probabilidades. La mente humana siempre tan ágil en solucionar los problemas a su manera no puede actuar nunca en la formación de una fe robusta. La fe deja con Dios el cómo y el cuándo de su plan de glorificarse. No es fácil esperar tiempo pero tal es la fe santificadora.

La fe santificadora el regocijo de la fe Romanos 4: 20

Abraham no aprendió esto de un día al otro sino en el crisol de la esperanza. Pero Pablo traza en Abraham la anatomía de la fe que crece. "Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios" (4.20). Nótese la manera tan brusca de referirse a la duda tan humana y natural. Pablo lo llama tal como es--la incredulidad.

La incredulidad es una palabra bien directa que desafía a Dios y cuestiona su carácter y el amor de Dios. La fe va aprendiendo a no hacerlo. Por eso tardó tanto el milagro. Dios ocupa todo el tiempo necesario para hacer su voluntad. Seguimos el horario suyo. Entretanto el Espíritu Santo nos «desaprende» a confiar en la carne y a confiar sólo en Cristo

Podemos ver el desarrollo de la fe desde lo difícil, lo problemático, lo probable, lo posible, lo imposible. En este mismo momento entra Dios y la fe aprende a darle gloria en anticipación de su propia intervención. Este proceso no es nada fácil, pero en la vida santificada tenemos que hacer frente a estas etapas y tardanzas.

Confieso es mucho más fácil escribir esto que vivir este proceso. "Nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne (Filipenses 3:3) Nótese el gerundio, el proceso que va teniendo ninguna confianza en la carne. La fe y la carne--la incredulidad-- no coexisten juntas. Una vence a la otra

La trayectoria de la fe santificadora la máxima expresión de la fe, el ofrecimiento de Isaac

Llegamos al pináculo de la fe en el ofrecimiento de Isaac. Para apreciar la profundidad y la anchura de la fe de Abraham vale la pena volver a percatarnos de lo que Dios le pidió. A la edad de 99 años habiendo perdido toda esperanza de lo humano con respecto a un prole, en el momento oportuno Jehová le pidió lo imposible: "Aconteció después de estas cosas (la salida de Hagar y el pacto con Abimelec) que probó a Abraham, y le dijo: Abraham . . . toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que te diré" (Génesis 22:1,2).

Las implicaciones que debieran haber asaltado a Abraham no las podemos imaginar. Pero de repente obedeció. Su confianza y su reposo en la voluntad de Dios tan imposible de reconciliar se ve en las órdenes dadas a sus siervos: "Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros" (22:5). Más penosamente debiera haber sida la pregunta de Isaac mismo: "Padre mío . . . he aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham; Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos" (22: 7).

En aquellos momentos se daba cuenta Abraham que todo lo prometido por Dios dependía de que viviera Isaac a quien había esperado los 25 años y unos 12 (¿) más. Y ahora el eje de la promesa del pacto en que creía estaba en tela de duda y pero aun en posible fracaso. Pero el autor de Hebreos nos da una vislumbre del razonamiento de la fe: "Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, haciéndosele dicho: en Isaac te sería llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir" (Hebreos 11: 17-19). ¡Abraham por pura fe ya lo había entregado a muerte, sabiendo que siendo Dios fiel a su promesa tendría que resucitarlo y devolvérselo! ¡Ésta es la lógica forzosa de confiar en Dios!

La respuesta de Dios a Abraham nos llama la atención: "Abraham, Abraham . . . Heme aquí . . . No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único" (22: l1, 12). Sabemos la historia; hubo a tiempo un sustituto. Abraham nombró el lugar: "Jehová proveerá (Jehová-jireh). Por tanto se dice hoy en el monte de Jehová será provisto" (22:14), El Señor Jesús como el Ángel de Jehová le confirma por la cuarta vez el Pacto Abrahámico (Gén.12:1-3; 15: 4-21; Gén.17: 4- 21; 22: 16-18). La fe verdadera se confirmó en la obediencia dando evidencia irrefutable de que la fe salvífica siempre mueve la mano de Dios para cumplir con la promesa a la vez la base objetiva de la fe.

La grandeza del Calvario virtual Moriah una prefiguración de Gólgota

No es nada difícil ver anticipadamente en este pináculo de fe, la muerte vicaria de nuestro Señor Jesucristo. En el caso de Abraham hubo un substituto, un cordero que tomó el lugar de Isaac. Pero en la actualización en macro de Calvario, el unigénito hijo de Dios tuvo que morir él mismo. Tragó hasta la última gota de la copa de la ira de Dios. "Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre" (Juan 12:27-28a).

Con razón Jesús dijo de este evento histórico: "Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día y lo vio, y se gozó. . . . Jesús les dijo: De cierto, de cierto os dijo: antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 12:56-58). Al decir Jesús: YO SOY tomaron piedras para apedrearlo y salió en medio. Aquí tenemos la confirmación concreta de este evento y la crucifixión de Jesús. Abraham fue honrado, como el padre de la fe, de acercarse más a la realidad de Calvario, la muerte expiatoria de nuestra salvación.

La fe santificadora el reposo de la fe Romanos 4: 21-25

Volviendo al texto en Romanos 4, Pablo describe la máxima expresión de la fe. "Tampoco dudó . . . sino que se fortaleció en fe dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido" (Rom. 4:21). En esta frase se puede ver la chispa de luz elaborada en Hebreos de que la resurrección tendría que ser la máxima expresión del poderoso Dios. Hasta aquel tiempo había habido una resurrección temporal (Lázaro), pero nunca una resurrección transformadora a nivel de la consumación divina de la muerte de Jesús. Tal es la fuerza explosiva de la verdadera fe que reposa en Dios para llevar a cabo a su tiempo su promesa. En ese reposo no existe ni la duda ni la impaciencia nuestra.

Hemos llegado al pináculo de la fe. Pocos nosotros hemos ascendido a este nivel, pero en su esencia vemos la realidad de la santificación, la vida de victoria que Dios le va dando a su hijo que crece diariamente en la fe. Es un proceso de madurez; a veces se dan usos pasos para delante y un paso para atrás. Pero la esencia de la vida cristiana es Cristo en nosotros esperanza de gloria (Colosenses 1:27). Permanecemos en Él. No es como tantas veces se oye: "Tengo que hace la lucha, esforzarme más; no es el mejor esfuerzo mío, no es ni más doctrina teoría, ni educación ni fiel servicio sino una cada vez más profunda dependencia de Dios.

Con razón Cristo dijo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar. Llevad mi jugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestra almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mateo 11:28-30). Se puede aplicar al venir inicial del incrédulo en la justificación, pero más bien se aplica a cada creyente en cada acercamiento a Jesús. Hay tres órdenes: Venid a mí, Llevad mi yugo, Aprended de mi--humildad. El resultado siempre es al regalo de descanso y con la fe hallaremos precisamente el reposo que describe la vida victoriosa en Cristo.

Hebreos remacha la misma esencia: "Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios, porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas" (Heb. 4: 9, 10). Romanos 4 con su énfasis en los dos aspectos de la fe pone el cimiento para el resto de Romanos, el puro disfrute de la victoria de Cristo por estar unido a Él en muerte al viejo «yo» pero vivo para Dios en Cristo Jesús (Romanos 6: 11-14).

Tuyo en el mensaje de la Cruz
G. Ernesto Johnson
Rio Grande Bible Institute
Edinburg, TX 78539